Y Dios me hizo mujer,de pelo largo,ojos,nariz y boca de mujer.
Con curvas y pliegues y suaves hondonadas y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios y balanceó con cuidado el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella para que irrigara todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas, los sueños, el instinto.
Todo lo que creó suavemente a martillazos de soplidosy taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa todas las mañanas
y bendigo mi sexo.
He aquí a mi alma despeinada y desnuda, con mis palabras o con
las de otros, repletas de sueños y de pesadillas en un papel virtualescrito con
tinta efímera... como nosotros.
25 agosto, 2008
No me llames extranjero- Rafael Amor
No me llames extranjero, por que haya nacido lejos,
O por que tenga otro nombre la tierra de donde vengo
No me llames extranjero, por que fue distinto el seno
O por que acunó mi infancia otro idioma de los cuentos,
No me llames extranjero si en el amor de una madre,
Tuvimos la misma luz en el canto y en el beso,
Con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.
No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo,
Mejor saber donde vamos, adonde nos lleva el tiempo,
No me llames extranjero, por que tu pan y tu fuego,
Calman mi hambre y frío, y me cobije tu techo,
No me llames extranjero tu trigo es como mi trigo T
u mano como la mía,
tu fuego como mi fuego,
Y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.
Y me llamas extranjero por que me trajo un camino,
Por que nací en otro pueblo, por que conozco otros mares,
Y zarpé un día de otro puerto,
si siempre quedan iguales en el Adiós los pañuelos,
y las pupilas borrosas de los que dejamos Lejos,
los amigos que nos nombran y son iguales los besos
Y el amor de la que sueña con el día del regreso.
No me llames extranjero, traemos el mismo grito,
El mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre
Desde el fondo de los tiempos,
cuando no existían fronteras,
Antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
Los que roban los que mienten los que venden nuestros sueños,
Los que inventaron un día, esta palabra, extranjero.
No me llames extranjero que es una palabra triste,
Que es una palabra helada huele a olvido y a destierro,
No me llames extranjero mira tu niño y el mío
Como corren de la mano hasta el final del sendero,
No me llames extranjero ellos no saben de idiomas
De límites ni banderas, míralos se van al cielo
Por una risa paloma que los reúne en el vuelo.
No me llames extranjero piensa en tu hermano y el mío
El cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo,
Ellos no eran extranjeros se conocían de siempre
Por la libertad eterna e igual de libres murieron
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,
Mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo,
Y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero.
O por que tenga otro nombre la tierra de donde vengo
No me llames extranjero, por que fue distinto el seno
O por que acunó mi infancia otro idioma de los cuentos,
No me llames extranjero si en el amor de una madre,
Tuvimos la misma luz en el canto y en el beso,
Con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.
No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo,
Mejor saber donde vamos, adonde nos lleva el tiempo,
No me llames extranjero, por que tu pan y tu fuego,
Calman mi hambre y frío, y me cobije tu techo,
No me llames extranjero tu trigo es como mi trigo T
u mano como la mía,
tu fuego como mi fuego,
Y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.
Y me llamas extranjero por que me trajo un camino,
Por que nací en otro pueblo, por que conozco otros mares,
Y zarpé un día de otro puerto,
si siempre quedan iguales en el Adiós los pañuelos,
y las pupilas borrosas de los que dejamos Lejos,
los amigos que nos nombran y son iguales los besos
Y el amor de la que sueña con el día del regreso.
No me llames extranjero, traemos el mismo grito,
El mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre
Desde el fondo de los tiempos,
cuando no existían fronteras,
Antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
Los que roban los que mienten los que venden nuestros sueños,
Los que inventaron un día, esta palabra, extranjero.
No me llames extranjero que es una palabra triste,
Que es una palabra helada huele a olvido y a destierro,
No me llames extranjero mira tu niño y el mío
Como corren de la mano hasta el final del sendero,
No me llames extranjero ellos no saben de idiomas
De límites ni banderas, míralos se van al cielo
Por una risa paloma que los reúne en el vuelo.
No me llames extranjero piensa en tu hermano y el mío
El cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo,
Ellos no eran extranjeros se conocían de siempre
Por la libertad eterna e igual de libres murieron
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,
Mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo,
Y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero.
| Reacciones: |
24 agosto, 2008
Vértigo
Afuera el ruido de una ciudad por cuyas calles transitan buses de colores fosforescentes y por cuyas aceras caminan personas de pieles oscuras. Calor que llena el aire y mis pulmones, la música electrónica aturde mis oídos y me aliena, me alimenta, me llena. Es casi una droga que no puedo evadir, como ese beso que un segundo antes ya no se detiene.
Pienso en Africa, en Costa Rica, en Argelia, en Latinoamérica, en España. Pienso en vino, en incienso, en candelas y en silencio, en soledad, en estar conmigo y con nadie más pero al mismo tiempo con todo el mundo. Y pienso en Ivannia en medio de todo el mundo y aún así también en su soledad. Pienso en ella. Vive en un lugar desconocido, vive en su casa hace 23 años y no la conoce del todo. Quedan miles de rincones oscuros y pequeños que solo el tiempo la dejará descubrir. Quiere estar en en mil lugares del mundo al mismo tiempo, probar todas las comidas, vivir todas las aventuras, nadar en todos los mares y escalar todas las montañas. Pero aún está lejos y por más que queramos, nunca podremos dar más de un paso a la vez. A menos que saltes, pero no podés saltar toda la vida.
El vértigo se desplaza por las venas y una invasión de libélulas presurosas llena la sangre, recorre cada espacio y el alma se marea. Vértigo. Vértigo. Vértigo. Quizá la mejor sensación del mundo. El vértigo cuando te envuelve el humo aromático del sándalo, el vértigo cuando tenés su mano atada a la tuya, fundiéndose. Vértigo cuando tus pies están en el borde del puente, aterrorizados, repletas las manos de pánico, el río abajo con el agua que cada segundo es diferente, tus rodillas temblando de miedo y aún así, con todo y esto, las ganas de saltar. De tirarte al vacío, de perderte en medio del viento que mueve la cuerda. Deseo. Deseo. Deseo. Deseo de sentirte libre aún atada, porque quizá la libertad absoluta te haga encontrar la muerte en el fondo del río o en la dureza de la roca que a 15 metros te espera bajo tu cabeza. Deseo de no sentir nada y sentirlo todo en seis segundos que se convierten en la vida entera mientras duran. Deseo y vértigo. La combinación surrealista, el momento del encuentro y la derrota, de la pérdida y el olvido. Todo se mueve mientras la quietud está solamente fuera de vos. Se asemeja al vértigo de la música, que te envuelve y sin que lo querás te hace sentir ganas de moverte. ¿pero quién dijo que la lluvia se debe pintar de azul en los dibujos? Quizá la lluvia no es azul, ni verde, ni rosa. Quizá la lluvia no tiene color como no lo tenemos nosotros. Pero le tememos al vértigo y limitamos al deseo y por eso es que tenemos que inventar colores que no poseemos y pintar con ellos los buses y los recuerdos, más no la vida. Y deseo aún más. Deseo pintar la vida de colores que crezcan en mis pastos, que estén en lo profundo de mis océanos, que persigan a todos mis escarabajos y a mis mariposas y que se confundan de tal forma que al final las figuras no se reconozcan pero aún así puedan danzar juntas.
El vértigo de tocar el cielo con las manos y con los labios, de estar en el avión en medio de las nubes y pensar que las verdaderas nubes están abajo, esperando abrazarte en un aeropuerto que se erije entre lágrimas y sonrisas, que se divide entre el norte y el sur de las emociones humanas y divinas, entre lo sublime y lo ridículo que siempre estará presidiendolo todo. Y yo en medio de la nada, con el horizonte extendiéndose lejos, tan grande que no se ve la línea q separa la tierra del cielo y no se distinguen las frangancias entre tanta brisa mensajera de aromas provenientes de todas partes. Pero un día las voy a distinguir y las haré parte de mí, las inyectaré en mis poros y sudaré el olor de la tierra que se hunde bajo mis pisadas, dejaré huellas con textura de agua y arcilla y el humus que se forme con los desperdicios hará germinar nuevos átomos y moléculas que bailen al ritmo de la naturaleza y del sonido del alrededor.
Ese día la ficción y la realidad serán lo mismo –si es que no lo son ya- y la utopía se romperá porque llegaré al lugar donde siempre estuvo esperándome. Y al llegar no veré nada más que el camino que quedó atrás y estaré de pie en el sueño y el anhelo esperando que se transformen ambos en un horizonte nuevo hacia el cual tenga que plasmar un camino de nuevas huellas y así por siempre y mientras dure el espíritu, y así por siempre mientras la sangre del alma no se apague y el vértigo y el deseo no se pierdan. Porque se perderá casi todo. Los horizontes se verán cada vez más lejanos. Las huellas ya no serán claras sino que serán rastros de pies que se arrastran junto a manos que los ayudan. Se perderá casi todo. Pero vivirá lo esencial mientras exista un horizonte al cual llegar y un anhelo de vértigo que sea más fuerte que el miedo al vacío.
21 de mayo de 2003, Ciudad de Panamá
Pienso en Africa, en Costa Rica, en Argelia, en Latinoamérica, en España. Pienso en vino, en incienso, en candelas y en silencio, en soledad, en estar conmigo y con nadie más pero al mismo tiempo con todo el mundo. Y pienso en Ivannia en medio de todo el mundo y aún así también en su soledad. Pienso en ella. Vive en un lugar desconocido, vive en su casa hace 23 años y no la conoce del todo. Quedan miles de rincones oscuros y pequeños que solo el tiempo la dejará descubrir. Quiere estar en en mil lugares del mundo al mismo tiempo, probar todas las comidas, vivir todas las aventuras, nadar en todos los mares y escalar todas las montañas. Pero aún está lejos y por más que queramos, nunca podremos dar más de un paso a la vez. A menos que saltes, pero no podés saltar toda la vida.
El vértigo se desplaza por las venas y una invasión de libélulas presurosas llena la sangre, recorre cada espacio y el alma se marea. Vértigo. Vértigo. Vértigo. Quizá la mejor sensación del mundo. El vértigo cuando te envuelve el humo aromático del sándalo, el vértigo cuando tenés su mano atada a la tuya, fundiéndose. Vértigo cuando tus pies están en el borde del puente, aterrorizados, repletas las manos de pánico, el río abajo con el agua que cada segundo es diferente, tus rodillas temblando de miedo y aún así, con todo y esto, las ganas de saltar. De tirarte al vacío, de perderte en medio del viento que mueve la cuerda. Deseo. Deseo. Deseo. Deseo de sentirte libre aún atada, porque quizá la libertad absoluta te haga encontrar la muerte en el fondo del río o en la dureza de la roca que a 15 metros te espera bajo tu cabeza. Deseo de no sentir nada y sentirlo todo en seis segundos que se convierten en la vida entera mientras duran. Deseo y vértigo. La combinación surrealista, el momento del encuentro y la derrota, de la pérdida y el olvido. Todo se mueve mientras la quietud está solamente fuera de vos. Se asemeja al vértigo de la música, que te envuelve y sin que lo querás te hace sentir ganas de moverte. ¿pero quién dijo que la lluvia se debe pintar de azul en los dibujos? Quizá la lluvia no es azul, ni verde, ni rosa. Quizá la lluvia no tiene color como no lo tenemos nosotros. Pero le tememos al vértigo y limitamos al deseo y por eso es que tenemos que inventar colores que no poseemos y pintar con ellos los buses y los recuerdos, más no la vida. Y deseo aún más. Deseo pintar la vida de colores que crezcan en mis pastos, que estén en lo profundo de mis océanos, que persigan a todos mis escarabajos y a mis mariposas y que se confundan de tal forma que al final las figuras no se reconozcan pero aún así puedan danzar juntas.
El vértigo de tocar el cielo con las manos y con los labios, de estar en el avión en medio de las nubes y pensar que las verdaderas nubes están abajo, esperando abrazarte en un aeropuerto que se erije entre lágrimas y sonrisas, que se divide entre el norte y el sur de las emociones humanas y divinas, entre lo sublime y lo ridículo que siempre estará presidiendolo todo. Y yo en medio de la nada, con el horizonte extendiéndose lejos, tan grande que no se ve la línea q separa la tierra del cielo y no se distinguen las frangancias entre tanta brisa mensajera de aromas provenientes de todas partes. Pero un día las voy a distinguir y las haré parte de mí, las inyectaré en mis poros y sudaré el olor de la tierra que se hunde bajo mis pisadas, dejaré huellas con textura de agua y arcilla y el humus que se forme con los desperdicios hará germinar nuevos átomos y moléculas que bailen al ritmo de la naturaleza y del sonido del alrededor.
Ese día la ficción y la realidad serán lo mismo –si es que no lo son ya- y la utopía se romperá porque llegaré al lugar donde siempre estuvo esperándome. Y al llegar no veré nada más que el camino que quedó atrás y estaré de pie en el sueño y el anhelo esperando que se transformen ambos en un horizonte nuevo hacia el cual tenga que plasmar un camino de nuevas huellas y así por siempre y mientras dure el espíritu, y así por siempre mientras la sangre del alma no se apague y el vértigo y el deseo no se pierdan. Porque se perderá casi todo. Los horizontes se verán cada vez más lejanos. Las huellas ya no serán claras sino que serán rastros de pies que se arrastran junto a manos que los ayudan. Se perderá casi todo. Pero vivirá lo esencial mientras exista un horizonte al cual llegar y un anhelo de vértigo que sea más fuerte que el miedo al vacío.
21 de mayo de 2003, Ciudad de Panamá
| Reacciones: |
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
