A raíz de los acontecimientos de este domingo en Honduras, de lo que he leído en los medios tradicionales y en Internet, de lo que me duele lo que le pasa a mi querida Centroamérica... participo con mi voz también en este debate, generado en un día que califico como muy triste para la región.
Una región que, al igual que el resto de Latinoamérica, ha optado por constituirse en un péndulo donde se pasa de la izquierda más populista a la derecha más conservadora -y viceversa- como quien se cambia de zapatos. Izquierdas y derechas que desde mi punto de vista están ambas obsoletas, tanto en sus argumentos como en sus actuaciones, y que reflejan una visión -más bien una división- ideológica más propia de la Guerra Fría de hace unas décadas que del "globalizado" siglo XXI en el que supuestamente andamos.
Zelaya no escapa a estos cambios aparentemente de locos, y en su segundo año de mandato decidió que se pasaba de la derecha a la izquierda. Sorprendente, más no novedoso, en un mundo en el que cada uno gira la cara hacia donde mejor le de el sol. Sin embargo, ni esto, ni ninguna de sus actuaciones, justifica un golpe de ¿estado? como el que hemos presenciado hoy, donde además el presidente hondureño terminó en pijamas en mi país, Costa Rica.
Independientemente de la ideología que se tenga y del bando por el que se esté a favor en este asunto, creo que es importante destacar dos cosas:
La primera, el pánico fomentado por los medios de comunicación y la consiguiente alarma social que genera el nombre de Hugo Chávez pegado al de cualquier otro mortal. La demonización de la izquierda a partir del fenómeno Chávez es prácticamente un hecho a escala mundial, y un lugar común y recurso fácil para quienes quieren desprestigiar a cualquiera que no sea santo de su devoción. Zelaya no es Chávez. Ni Evo Morales tampoco. Coincidiremos en que Chávez es único y que ese sí que se sentó en la silla del poder para no levantarse más.
La segunda, y por supuesto ligada a la anterior, es la consulta popular planteada por Zelaya y que fue declarada ilegal por otras instituciones democráticas hondureñas. A partir del momento en que es declarada ilegal, Zelaya comete el error de continuar su convocatoria como si nada pasara, porque a la institucionalidad deben respetarla hasta los presidentes. Pero aún peor, y de hecho sin comparación, es que los militares lo encañonen a las 5 de la mañana, lo saquen en pijamas de su casa y lo monten en un avión directo a San José.
La democracia y el estado de derecho tienen suficientes mecanismos -en teoría, al menos- para deponer a un presidente cuando se considera que es necesario. ¿Por qué no recurrir entonces a esos mecanismos en lugar de montar el patético showcito del año?
Zelaya no estaba convocando a una consulta para reelegirse, sino para averiguar, en las próximas elecciones generales de noviembre, si los hondureños estaban dispuestos a aceptar la conformación de una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución y aprobar la reelección. Es decir, él iba a preguntar si se podía preguntar. Su alianza con Hugo Chávez, que además de ideológica puede que tenga mucho de interés económico, por otra parte normal cuando se gobierna un país tan maltrecho y en el que los petrodólares no vienen nada mal, generó la coletilla de que al igual que su nuevo aliado, lo que pretendía era perpetuarse en el poder. Quizá. Pero nadie lo sabe. Y no se puede saber por preguntarle al pueblo en una consulta, ojo, no un referendum, si están de acuerdo o no.
¿Justifica la ilegalidad de la consulta un golpe de estado? ¿Justifica ser "aliado de" que un presidente, no un dictador -que ya eso por ahí se lee también- que el ejército te deporte a otro país a punta de pistola y que además se invente una carta de renuncia? (Porque que alguien me diga entonces si es lícito hacer lo que se ha hecho con un presidente que supuestamente ha renunciado).
Al no estar ni de un lado de otro, y a la vez estar tratando de entender este caos generado en menos de una semana, veo como cada uno hizo en pocos días en Honduras lo que le dio la gana. Zelaya pasándole por encima a las Cortes y el Ejército pasándole por encima al presidente democráticamente elegido, al que se opone una gran parte de la población, mientras que es apoyado por otra gran parte. El caso es que si el siniestro plan de Zelaya era perpetuarse en el poder, seguramente no lo sabremos, y ahora en todo caso es poco probable que lo logre. Mientras tanto, el estado de derecho ha sido suspendido temporalmente en Honduras, a ver por cuánto tiempo, e incluso hay periodistas de medios de comunicación, como Radio Globo o CNN, que se encuentran sin transmitir información porque los sacaron del aire.
Y a ver hasta donde se nos complica la ecuación. Porque si un elemento del estado, como lo son las Fuerzas Armadas, viola y vulnera la legalidad institucional vigente secuestrando, o deportando, o destituyendo, a un presidente democráticamente elegido, con la excusa de que ese presidente justamente irrespetó esa legalidad institucional ahora rota, verdaderamente la cosa no tiene ni pies ni cabeza.
Lo que definitivamente parece es que estamos ante una nueva lección en las aulas de la Escuela del Mundo al Revés, con permiso de Galeano.
He aquí a mi alma despeinada y desnuda, con mis palabras o con
las de otros, repletas de sueños y de pesadillas en un papel virtualescrito con
tinta efímera... como nosotros.
29 junio, 2009
17 junio, 2009
Deshaciendo maletas...
Están en el suelo, inmóviles por fuera. Alteradas, inquietas, arrebatadas... por dentro. Los olores de sus brazos en mi ropa, el barro de aquel día en los ruedos de un pantalón inmerso en la montaña, las fotos, los libros, los estados de ánimo. Todos se mueven. Todos en ebullición. El olor del café se escapa al abrirlas para entrar en mis pestañas y visualizo así los instantes que se esfumaron mientras intenté exprimirlos y memorizarlos. Estoy deshaciendo maletas. Vuelvo al mundo virtual y al mundo real tras uno de esos viajes a mi casa. Siempre lo mismo. Una vez al año como mínimo. Una vez al año se repite la escena de llegar con los dientes al viento y de regresar con los ojos anegados. Luego el avión, el agobio al mirar a través de la ventanilla el país que una vez más dejo, desde hace tantos años tantas veces y con tantos destinos... y luego la pastilla para dormir -y para dejar de pensar-, la llegada a Madrid, el avión a Coruña... y la paz que reencuentro al abrir la puerta de esta casa que con cuatro manos humanas y muchas patitas
gatu-perrunas hemos construido y que huele a mi hogar también.Y donde también amo estar.
Ahí siguen las maletas. Esperándome. Pero yo voy lentamente. Llevaba esta blusa aquella noche de locura.Esta falda la soleada mañana de aquella foto en el mirador. Este sujetador el día de mi nuevo tatuaje anestesiado con Flor de Caña. Llevaba esta camiseta el día que me empapé subiendo a caballo la ladera de un volcán y casi pierdo este traje de baño con una ola caliente y traicionera que jugó conmigo mientras me bañaba en el mar a medianoche, con la luna en cuarto creciente como testigo. Es extraño deshacer maletas. Sabroso. Intenso. Las deshago y reinvento mis memorias. Revivo los instantes para transformarlos en eternidades. Vuelvo a dar y recibir esos abrazos y esos besos que como a un trocito de arcilla me dieron forma, que me esculpieron una vez más a punta de cariño y deseos. Deshago la maleta. Pero antes de cerrarla guardo en ella mi nuevo anhelo: mi próximo destino.
gatu-perrunas hemos construido y que huele a mi hogar también.Y donde también amo estar.
Ahí siguen las maletas. Esperándome. Pero yo voy lentamente. Llevaba esta blusa aquella noche de locura.Esta falda la soleada mañana de aquella foto en el mirador. Este sujetador el día de mi nuevo tatuaje anestesiado con Flor de Caña. Llevaba esta camiseta el día que me empapé subiendo a caballo la ladera de un volcán y casi pierdo este traje de baño con una ola caliente y traicionera que jugó conmigo mientras me bañaba en el mar a medianoche, con la luna en cuarto creciente como testigo. Es extraño deshacer maletas. Sabroso. Intenso. Las deshago y reinvento mis memorias. Revivo los instantes para transformarlos en eternidades. Vuelvo a dar y recibir esos abrazos y esos besos que como a un trocito de arcilla me dieron forma, que me esculpieron una vez más a punta de cariño y deseos. Deshago la maleta. Pero antes de cerrarla guardo en ella mi nuevo anhelo: mi próximo destino.
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