En el tiempo de las mariposas es un libro intenso e iluminador. Julia Álvarez plasmó bajo ese título la asombrosa vida de Patria, Teresa y Minerva, las hermanas Mirabal, las mariposas, que con ese seudónimo se opusieron fervorosamente a la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Y Minerva, esa heroína maravillosa de su propia y memorable historia, se opuso además a una de las facetas más repugnantes del dictador: la de macho dominante, la de acosador sexual, la de agresor de mujeres. En una fiesta en la que coinciden (recomiendo encarecidamente leer el libro o husmear en internet para conocer más detalles), Trujillo se sobrepasa con ella, que le devuelve el atrevimiento con una bofetada. Al dictador. Al jefe. Al amo.
"Si me matan, yo sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte", dijo Minerva en una ocasión. Y no mentía. Ella y sus hermanas fueron asesinadas brutalmente por orden de Trujillo hoy hace 39 años, el 25 de noviembre de 1960. Pero Minerva sacó los brazos de la tumba y en su honor y el de sus hermanas fue establecido en 1981 que se celebrara hoy, en esta fecha, el Día Internacional de la No Violencia contra la mujer. Minerva murió para hacerse más fuerte, a través de todas las mujeres y hombres que hoy gritamos, exigimos, que se acabe la violencia contra las mujeres. No más maltrato, no más daño, no más muerte, no más sufrimiento.
Yo pido, hoy, pido, que todas las mujeres saquemos los brazos de la tumba de machismo y maltrato que esta sociedad ha construido para nosotras, pido hombres, no machos, sino hombres, que caminen a nuestro lado y acaben con la agresión que muchos de sus congéneres justifican, practican y silencian, y pido que hombres y mujeres seamos capaces de construir ese mundo, quizá no utópico, quizá posible, en el que las mujeres seamos sus compañeras de equipo, pero como mariposas: hermosas (sin cicatrices, sin moretones, sin lágrimas), dignas y libres. La lucha dejó hace mucho tiempo de ser de todas, para ser también de todos.
Que la muerte de Minerva por el capricho de un hombre, al igual que la de tantas mujeres, que mueren cada día un poco a manos de un agresor, no sea en vano. Hoy ellas están sacando los brazos de sus tumbas.
He aquí a mi alma despeinada y desnuda, con mis palabras o con
las de otros, repletas de sueños y de pesadillas en un papel virtualescrito con
tinta efímera... como nosotros.
27 noviembre, 2009
24 noviembre, 2009
No te vayas- Rosa Montero
Al poco, los gritos de los heridos nos suenan repetidos, y la causa en cuestión, sobre la que enseguida nos parece que ya sabemos todo, empieza a resultarnos aburridísima. Y en ese embotamiento de la conciencia pública se crecen los criminales. La víctima se invisibiliza mientras el verdugo persevera.(Ir al texto completo...)
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20 noviembre, 2009
¡Feliz cumpleaños papi!
¿Te he dicho, papi, que en la oficina me paso comiendo chocolates, confites y todos los dulces disponibles? Hay una cajita de galletas danesas donde hacemos el refill para tener dosis de azúcar siempre disponible. Definitivamente estoy caracterizada como una golosa adicta a la cajita, y siempre pienso que lo que se hereda no se hurta. Muchas veces me acuerdo de cuando llegabas a la casa, con las bolsas de la gabacha llenas de confites y caramelos... o solo con los envoltorios. Te los comías todos mientras trabajabas, como hago yo ahora.
Me acuerdo de muchas cosas de las que hacías y decías, de las que compartimos antes de. De la enfermedad. De lo que nos hizo a todos. Y antes, obvio, de que yo me viviera a vivir al otro lado del charco. Me acuerdo, por ejemplo, de cuando te pregunté que era el sexo oral, y en lugar de escandalizarte, me explicaste dulcemente cómo las personas cuando se querían mucho, como papi y mami, se daban besitos en la boca y también en ese sitio entre las piernas. A mí me quedó clarísimo, pero vos creíste necesario agregar que yo no tenía que dejar que nadie me tocara ni besara, mucho menos ahí, hasta que fuera grande y estuviera con alguien que me quisiera mucho. Luego me dí cuenta de cuan útil era esa posdata.
También me acuerdo del día en que me soltaste en la bicicleta, una amarilla que era de Tita y que tenía un ring-ring buenísimo. Durante los dos días que duraron las clases de cómo andar en bici (¡y sin rodines!), agarrabas el asiento por detrás para que yo mantuviera el equilibrio, hasta que en un momento, yendo cuesta abajo a toda velocidad, me volví para decirte que íbamos muy rápido... pero vos estabas de pie, lejos, en la esquina. Yo iba sola. Y pude dar la vuelta sin caerme y subir pedaleando hasta donde estabas. Tiempo después, repetimos la escena pero con un carro. También recuerdo el día en que me regalaste mi primera cámara (jaja, no sabías que estabas creando un monstruo), era blanca y chiquitita, y de cómo yo prefería usar la tuya, aunque pesaba más que yo.
Me gusta pensar en las miles de palabras que has inventado para llamarnos siempre. Tu forma más común de llamarme sigue siendo Nima (diminutivo de Nimania, como decía mi hermana cuando no podía pronunciar bien mi nombre). Eso evolucionó a otras como "Nimamanena" (Nima más linda) o Nimiminini (diminutivo de Nimamanena). De bebé era "catano tea" (gusano de seda) y aún de grande a veces soy "cataín de teín". Pero esos apodos cariñosos son solo una pequeña parte de todos tus dichos y palabras que siempre han reflejado tu alegría, tu permanente buen humor, tu optimismo perpetuo, tus ganas de vivir. Las mismas que cuando dijeron que no llegabas a los 50, hicieron que no tuvieras "ni tiempo ni ganas de morirte".
Y por eso hoy hace siete años celebramos tus 50 con aquel fiestón genial, en el que la opinión de todo el mundo fue "este cumpleaños es un milagro". Vos eras entonces, igual que ahora, un milagro. También lo fuiste cuando llegaste a mi graduación del colegio con la cabeza rapada y una cicatriz que hacía que pareciera una bola de fútbol. Pero ahí estabas, mientras yo daba mi discurso, recién salido de muchas de horas de quirófano (como paciente...).
Y aquí (¿o ahí?) estás hoy, todos estos años después, con tus 57 añitos encima. Y con todas sus cicatrices, las últimas dolorosas aún, pero tan feliz y luchador como siempre. Tan lleno de energía, de vida, de sonrisas sinceras, de palabras amables. Nunca te he escuchado una queja, pero no porque seas el típico hombre que se hace el duro, sino porque sos un ser sensible, convencido de que todolo que has vivido tenía un sentido. Sos mi ejemplo papi, tanto el que eras antes del tumor como el que sos después. Sos mi mayor ejemplo de vida. Ahora sos tan diferente pero al mismo tiempo tan idéntico al que eras. Las mismas características que amaba de vos antes son las que sigo amando ahora, aunque la vida fuera cruel y te quitara todo lo que te quitó. Y a mí con vos. Gracias por darme fuerza y serenidad cuando se supone que debería habértela dado yo a vos, por alegrarme cada vez que hablamos por teléfono, por todos los consejos, las golosinas, las oportunidades. Gracias por haber creído en mí y como mami, por perdonarme no estar ahí para celebrar a tu lado este día.
Te juro pa que daría lo que fuera porque ese tumor no te hubiera atacado nunca, porque pudieras seguir operando a la gente, salvando vidas, contando historias... porque vinieras aquí y pudieras conducir mi carro que tanto te gusta. Yo no entiendo el sentido de todo lo que ha pasado papi, no entiendo por qué tus manos no pueden seguir trabajando, por qué has tenido que sufrir tanto. Pero tu sonrisa me hace sentir que quizá, y solo quizá, algún día comprenda. De todos modos, haría lo que fuera por cambiarlo todo pa, por no tener esta opresión en el pecho cada 20 de noviembre al sentir que tu nuevo cumple es un milagro. Por no saber si llegará el siguiente, y por no estar ahí para abrazarte (o que me abracés, que es más urgente).
Pero quiero decirte que aquí, a muchos miles de kilómetros, te amo con todo mi ser, me siento muy orgullosa de ser tu hija y de tener a un papá increíble. Te echo tanto de menos, de tantas formas y en tantos momentos (hoy muchísimo por cierto) y celebro con todas mis ganas este nuevo milagro de tu cumpleaños. Disfrutalo en grande papi. Y ¡sapo verde tu yu!
Me acuerdo de muchas cosas de las que hacías y decías, de las que compartimos antes de. De la enfermedad. De lo que nos hizo a todos. Y antes, obvio, de que yo me viviera a vivir al otro lado del charco. Me acuerdo, por ejemplo, de cuando te pregunté que era el sexo oral, y en lugar de escandalizarte, me explicaste dulcemente cómo las personas cuando se querían mucho, como papi y mami, se daban besitos en la boca y también en ese sitio entre las piernas. A mí me quedó clarísimo, pero vos creíste necesario agregar que yo no tenía que dejar que nadie me tocara ni besara, mucho menos ahí, hasta que fuera grande y estuviera con alguien que me quisiera mucho. Luego me dí cuenta de cuan útil era esa posdata.
También me acuerdo del día en que me soltaste en la bicicleta, una amarilla que era de Tita y que tenía un ring-ring buenísimo. Durante los dos días que duraron las clases de cómo andar en bici (¡y sin rodines!), agarrabas el asiento por detrás para que yo mantuviera el equilibrio, hasta que en un momento, yendo cuesta abajo a toda velocidad, me volví para decirte que íbamos muy rápido... pero vos estabas de pie, lejos, en la esquina. Yo iba sola. Y pude dar la vuelta sin caerme y subir pedaleando hasta donde estabas. Tiempo después, repetimos la escena pero con un carro. También recuerdo el día en que me regalaste mi primera cámara (jaja, no sabías que estabas creando un monstruo), era blanca y chiquitita, y de cómo yo prefería usar la tuya, aunque pesaba más que yo.
Me gusta pensar en las miles de palabras que has inventado para llamarnos siempre. Tu forma más común de llamarme sigue siendo Nima (diminutivo de Nimania, como decía mi hermana cuando no podía pronunciar bien mi nombre). Eso evolucionó a otras como "Nimamanena" (Nima más linda) o Nimiminini (diminutivo de Nimamanena). De bebé era "catano tea" (gusano de seda) y aún de grande a veces soy "cataín de teín". Pero esos apodos cariñosos son solo una pequeña parte de todos tus dichos y palabras que siempre han reflejado tu alegría, tu permanente buen humor, tu optimismo perpetuo, tus ganas de vivir. Las mismas que cuando dijeron que no llegabas a los 50, hicieron que no tuvieras "ni tiempo ni ganas de morirte".
Y por eso hoy hace siete años celebramos tus 50 con aquel fiestón genial, en el que la opinión de todo el mundo fue "este cumpleaños es un milagro". Vos eras entonces, igual que ahora, un milagro. También lo fuiste cuando llegaste a mi graduación del colegio con la cabeza rapada y una cicatriz que hacía que pareciera una bola de fútbol. Pero ahí estabas, mientras yo daba mi discurso, recién salido de muchas de horas de quirófano (como paciente...).
Y aquí (¿o ahí?) estás hoy, todos estos años después, con tus 57 añitos encima. Y con todas sus cicatrices, las últimas dolorosas aún, pero tan feliz y luchador como siempre. Tan lleno de energía, de vida, de sonrisas sinceras, de palabras amables. Nunca te he escuchado una queja, pero no porque seas el típico hombre que se hace el duro, sino porque sos un ser sensible, convencido de que todolo que has vivido tenía un sentido. Sos mi ejemplo papi, tanto el que eras antes del tumor como el que sos después. Sos mi mayor ejemplo de vida. Ahora sos tan diferente pero al mismo tiempo tan idéntico al que eras. Las mismas características que amaba de vos antes son las que sigo amando ahora, aunque la vida fuera cruel y te quitara todo lo que te quitó. Y a mí con vos. Gracias por darme fuerza y serenidad cuando se supone que debería habértela dado yo a vos, por alegrarme cada vez que hablamos por teléfono, por todos los consejos, las golosinas, las oportunidades. Gracias por haber creído en mí y como mami, por perdonarme no estar ahí para celebrar a tu lado este día.
Te juro pa que daría lo que fuera porque ese tumor no te hubiera atacado nunca, porque pudieras seguir operando a la gente, salvando vidas, contando historias... porque vinieras aquí y pudieras conducir mi carro que tanto te gusta. Yo no entiendo el sentido de todo lo que ha pasado papi, no entiendo por qué tus manos no pueden seguir trabajando, por qué has tenido que sufrir tanto. Pero tu sonrisa me hace sentir que quizá, y solo quizá, algún día comprenda. De todos modos, haría lo que fuera por cambiarlo todo pa, por no tener esta opresión en el pecho cada 20 de noviembre al sentir que tu nuevo cumple es un milagro. Por no saber si llegará el siguiente, y por no estar ahí para abrazarte (o que me abracés, que es más urgente).
Pero quiero decirte que aquí, a muchos miles de kilómetros, te amo con todo mi ser, me siento muy orgullosa de ser tu hija y de tener a un papá increíble. Te echo tanto de menos, de tantas formas y en tantos momentos (hoy muchísimo por cierto) y celebro con todas mis ganas este nuevo milagro de tu cumpleaños. Disfrutalo en grande papi. Y ¡sapo verde tu yu!
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Pornografía infantil NO

Este dibujo fue realizado por un niño abusado sexualmente dentro de su propia familia. Por eso se tocan unos a otros en los trazos dibujados por sus pequeñas y alguna vez inocentes manitas. Él se identificó como el niño triste de la derecha, con la cabeza "que le quería estallar". La pornografía infantil es un grave y asqueroso problema que carcome a esta sociedad nuestra tan llena de lacras, y en ella subyace el igualmente grave -y a fin de cuentas meollo del asunto- cáncer del abuso infantil. Desgraciadamente, Internet es un medio idóneo para que todos los enfermos que producen y consumen este tipo de material se sientan en su charco, ocultos tras la telaraña de información que oculta sus rostros.

La Blogocampaña 2009 contra la Pornografía Infantil, iniciativa -por segundo año consecutivo- de los blogueros Nacho de la Fuente (lahuelladigital.blogspot.com) y Paco Sánchez (http://blogs.lavozdegalicia.es/pacosanchez), tiene como fin que al hacer búsquedas con palabras como "angels", "lolitas", "boylover", "preteens", "girllover", "childlover", "pedoboy", "boyboy", "fetishboy" o "feet boy", los pederastas y pedófilos se topen con la barrera de la crítica que miles de personas tenemos contra ellos en nuestras webs.
Gritar contra la pornografía y el abuso sexual de niñas y niños vale la pena. Mucho más si lo hacemos al unísono. Y este post es mi grito.
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11 noviembre, 2009
Atasco en Agra (India)
El atasco este fue super gracioso. Yo iba en un bus (desde Delhi) con Henrick, un pescador danés sordomudo que vive en las islas Faroe y que estaba haciéndose un trip de varios meses por Asia (impresionante el tipo, qué actitud ante la vida, me encantó). El caso es que durante todo el día nos estuvimos comunicando escribiendo en un cuadernito, donde está el siguiente diálogo (original en inglés claro, que a mí el danés no se me da bien, je):
-Hay mucho ruido, ¿verdad?
-Uf, ¡muchísimo!
-¡A veces es cool no escuchar nada! (riendo)
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El Camino del Viajero - Jorge Sánchez
"Bienaventurados los que no viajan jamás y los que apenas sienten deseos de conocer países remotos, ya que ellos gozarán de una vida apacible y llena de regocijo.
Bienaventurados también los amantes de los viajes que en sus períodos vacacionales recorren brevemente diversos lugares del planeta, pues ello les aportará enseñanzas enriquecedoras y les colmará de experiencias dichosas.
Pero ¡ay de aquellos que han osado emprender el Camino del Viajero! Porque ello no les dejará ni un momento de quietud y les substraerá de los demás intereses de este mundo; se afanarán únicamente por intentar satisfacer en vano su insaciable pasión por los viajes y nunca considerarán haber viajado lo suficiente. A esas almas vagabundas sólo les aguarda desasosiego e infinita ansiedad por aprender sin cesar sobre todos los rincones de la Tierra, sobre la naturaleza de los seres que la pueblan, y sobre el significado de su propia existencia".
Jorge Sánchez (el autor ha viajado por todo el mundo y conoce los 193 países reconocidos por la ONU).
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09 noviembre, 2009
¿Y los otros muros?
Hoy se celebra el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín, esa frontera física espantosa que durante 28 años dividió familias, dividió a Alemania, dividió al mundo. En muchos sitios hay festejos para conmemorar este acontecimiento, y blogs, periódicos, televisiones, museos, gobiernos... todos aportamos nuestras palabras a tan alegre momento y compartimos la satisfacción de que esa caída llegara, de que ese día existiera.

Sin embargo, hoy me es imposible no preguntarme: ¿Y los otros muros?
¿Qué pasa con el muro entre México y Estados Unidos? (Ese que hace dos años el entonces embajador de Estados Unidos en España me negó que existiera). ¿Cuándo haremos algo para detener la construcción del muro de Cisjordania? ¿Y las alambradas de Ceuta y Melilla? ¿Para cuándo la caída del muro de Marruecos, más bien, los ochos muros que lo componen en el Sahara Occidental ? También hay una alambrada entre Botswana y Zimbawe, un muro separando Sudáfrica y, de nuevo, Zimbawe; otro entre Corea del Norte y Corea del Sur... ¿Y con éstos qué? Más de 4.000 kilómetros de división separan India y Bangladesh, y una valla electrificada hace de barrera entre India y Pakistán. ¿Alguien habla de ellos?
Son todas estas murallas que dividen, como la de Berlín, historias, sueños, personas, pueblos, religiones, anhelos. Que dividen, en resumen, a la humanidad. Pero estas otras no se nombran. No hay celebraciones, ni marchas pidiendo que caigan. Y así, mientras nuestras manos aplauden la caída de un muro, nuestros labios callan la construcción de tantos otros. Y aún existen otros más, los más difíciles de derribar: los muros mentales, los que nos separan de la solidaridad, de la alegría, de la empatía, de nuestra esencia. ¿Cómo hemos podido olvidar lo que supuestamente aprendimos hoy hace dos décadas?
"Acaso tras el muro,
tan alto al deseo como pequeño a la esperanza,
no exista más que lo ya visto en el camino
junto a la vida y la muerte,
la tregua y el dolor.
Y la sombra de dios indiferente."
Fernando Paz Castillo, poeta venezolano

Sin embargo, hoy me es imposible no preguntarme: ¿Y los otros muros?
¿Qué pasa con el muro entre México y Estados Unidos? (Ese que hace dos años el entonces embajador de Estados Unidos en España me negó que existiera). ¿Cuándo haremos algo para detener la construcción del muro de Cisjordania? ¿Y las alambradas de Ceuta y Melilla? ¿Para cuándo la caída del muro de Marruecos, más bien, los ochos muros que lo componen en el Sahara Occidental ? También hay una alambrada entre Botswana y Zimbawe, un muro separando Sudáfrica y, de nuevo, Zimbawe; otro entre Corea del Norte y Corea del Sur... ¿Y con éstos qué? Más de 4.000 kilómetros de división separan India y Bangladesh, y una valla electrificada hace de barrera entre India y Pakistán. ¿Alguien habla de ellos?
Son todas estas murallas que dividen, como la de Berlín, historias, sueños, personas, pueblos, religiones, anhelos. Que dividen, en resumen, a la humanidad. Pero estas otras no se nombran. No hay celebraciones, ni marchas pidiendo que caigan. Y así, mientras nuestras manos aplauden la caída de un muro, nuestros labios callan la construcción de tantos otros. Y aún existen otros más, los más difíciles de derribar: los muros mentales, los que nos separan de la solidaridad, de la alegría, de la empatía, de nuestra esencia. ¿Cómo hemos podido olvidar lo que supuestamente aprendimos hoy hace dos décadas?
"Acaso tras el muro,
tan alto al deseo como pequeño a la esperanza,
no exista más que lo ya visto en el camino
junto a la vida y la muerte,
la tregua y el dolor.
Y la sombra de dios indiferente."
Fernando Paz Castillo, poeta venezolano
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06 noviembre, 2009
Soñando con el Taj
Hacía tanto tiempo que soñaba con él, que no recuerdo cuando decidí que no me moriría sin verlo. Era definitivamente mi más importante "objetivo viajero", no ansiaba conocer y disfrutar tanto algo como esa maravillosa obra humana de la que había leído cuentos y mirado fotos. Así que en mi viaje a India, tal y como alguien me sugirió, lo dejé para el final. Quizá para saborear su belleza en el largo viaje de vuelta o para poner la "cherry on top" de esas dos increíbles semanas.
Muchos turistas lo visitan "a la japonesa", en sesiones flash de una hora con los 10 segundos de rigor para la foto del "yo estuve ahí". Mi plan era bastante más sereno. Cuando le comenté a Lala, mi amigo el conductor de un ciclo-rickshaw, que pensaba estar en el Taj todo el día, entiéndase desde el amanecer hasta que me echaran (un poquito después del
atardecer), se rió y me dijo que era imposible. "Nadie pasa ahí dentro tanto tiempo, además, no permiten entrar con nada de comer y revisan las mochilas, así que lo máximo que estarás serán tres o cuatro horas porque te dará hambre", dijo. Y agregó, "¡además, no hay tanto para ver en tantas horas!". Efectivamente, no es "tanto" lo que hay.
Pero no es un parque de atracciones.En el recinto del Taj están el mausoleo, las
dos mezquitas que lo flanquean, el arco de la entrada, un museo, varios jardines y el río Yamuna en la parte de atrás. Y that´s it. Suena a "pocas cosas", si hablamos de cantidad, pero la calidad exige un poco de dedicación. Además era -repito- mi mayor sueño viajero. ¡Tenía que vivir hasta lo más hondo ese día! No se trataba de eso de disfrutarlo mucho "por si no lo vuelo a ver", porque estoy segura de que lo veré más veces, sino porque esa primera vez será irrepetible. Aunque lo visitara una vez tras otra a lo largo de los años que me queden, ninguna volverá a ser mi primera vez.
Más de 20.000 personas trabajaron durante 22 años para levantar esa tumba. Eso es parte de lo increíble, que no sea un palacio, ¡sino una tumba! Construida por el emperador mogol Shah Jahan para su esposa favorita, Mumtaz Mahal (que murió la pobre dando a luz a su hijo número 14, ¡con razón se murió!), la historia encierra tanto amor que es imposible quedar indiferente. El sentido de su construcción y su belleza, se combinan para hacer que su imagen en la pupila sea como de cuento. El color del mármol va cambiando conforme cambia la luz del día. Lo ví primero nublado y bajo la llovizna, casi fantasmal al final del estanque. Luego con una lluvia torrencial de esas del trópico, y finalmente se hizo el milagro y salió el sol. Todo en un día. Uno en el que lloré, reí, medité... y como dijo Lala, no comí, pero no sentía hambre. Las primeras horas solo estuve mirándolo de lejos, incapaz de entrar aún, extasiada ante su magnificencia. Las últimas las terminé de la misma manera, viendo caer la noche sobre las composiciones de piedras semi preciosas que lo adornan y los tonos blancos, rosados y grises del mármol tiñendo la mágica estampa. Es precioso. Mi corazón latía con tanta fuerza al atardecer, que creía que se me salía del pecho. La emoción era incontenible.
El Taj Mahal es la creación humana más bella que han visto mis ojos.
Y no puedo creer que a mis 29 años ya he cumplido ese sueño. Eso significa, además de que soy muy afortunada, que tengo que seguir soñando y haciendo realidad mis anhelos. Y a pesar de que del Taj Mahal ya han sido publicadas miles de fotos, postales e ilustraciones en general, aquí está la mía. Una de las decenas que le tomé hoy hace un mes, en ese maravilloso 6 de octubre que pasará a mi historia como uno de los días del Top Ten de mi existencia.
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03 noviembre, 2009
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