He aquí a mi alma despeinada y desnuda, con mis palabras o con
las de otros, repletas de sueños y de pesadillas en un papel virtual

escrito con
tinta efímera... como nosotros.


09 noviembre, 2009

¿Y los otros muros?

Hoy se celebra el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín, esa frontera física espantosa que durante 28 años dividió familias, dividió a Alemania, dividió al mundo. En muchos sitios hay festejos para conmemorar este acontecimiento, y blogs, periódicos, televisiones, museos, gobiernos... todos aportamos nuestras palabras a tan alegre momento y compartimos la satisfacción de que esa caída llegara, de que ese día existiera.

Sin embargo, hoy me es imposible no preguntarme: ¿Y los otros muros?
¿Qué pasa con el muro entre México y Estados Unidos? (Ese que hace dos años el entonces embajador de Estados Unidos en España me negó que existiera). ¿Cuándo haremos algo para detener la construcción del muro de Cisjordania? ¿Y las alambradas de Ceuta y Melilla? ¿Para cuándo la caída del muro de Marruecos, más bien, los ochos muros que lo componen en el Sahara Occidental ? También hay una alambrada entre Botswana y Zimbawe, un muro separando Sudáfrica y, de nuevo, Zimbawe; otro entre Corea del Norte y Corea del Sur... ¿Y con éstos qué? Más de 4.000 kilómetros de división separan India y Bangladesh, y una valla electrificada hace de barrera entre India y Pakistán. ¿Alguien habla de ellos?

Son todas estas murallas que dividen, como la de Berlín, historias, sueños, personas, pueblos, religiones, anhelos. Que dividen, en resumen, a la humanidad. Pero estas otras no se nombran. No hay celebraciones, ni marchas pidiendo que caigan. Y así, mientras nuestras manos aplauden la caída de un muro, nuestros labios callan la construcción de tantos otros. Y aún existen otros más, los más difíciles de derribar: los muros mentales, los que nos separan de la solidaridad, de la alegría, de la empatía, de nuestra esencia. ¿Cómo hemos podido olvidar lo que supuestamente aprendimos hoy hace dos décadas?


"Acaso tras el muro,
tan alto al deseo como pequeño a la esperanza,
no exista más que lo ya visto en el camino
junto a la vida y la muerte,
la tregua y el dolor.
Y la sombra de dios indiferente."

Fernando Paz Castillo, poeta venezolano

06 noviembre, 2009

Soñando con el Taj

Hacía tanto tiempo que soñaba con él, que no recuerdo cuando decidí que no me moriría sin verlo. Era definitivamente mi más importante "objetivo viajero", no ansiaba conocer y disfrutar tanto algo como esa maravillosa obra humana de la que había leído cuentos y mirado fotos. Así que en mi viaje a India, tal y como alguien me sugirió, lo dejé para el final. Quizá para saborear su belleza en el largo viaje de vuelta o para poner la "cherry on top" de esas dos increíbles semanas.

Muchos turistas lo visitan "a la japonesa", en sesiones flash de una hora con los 10 segundos de rigor para la foto del "yo estuve ahí". Mi plan era bastante más sereno. Cuando le comenté a Lala, mi amigo el conductor de un ciclo-rickshaw, que pensaba estar en el Taj todo el día, entiéndase desde el amanecer hasta que me echaran (un poquito después del
atardecer), se rió y me dijo que era imposible. "Nadie pasa ahí dentro tanto tiempo, además, no permiten entrar con nada de comer y revisan las mochilas, así que lo máximo que estarás serán tres o cuatro horas porque te dará hambre", dijo. Y agregó, "¡además, no hay tanto para ver en tantas horas!". Efectivamente, no es "tanto" lo que hay.
Pero no es un parque de atracciones.En el recinto del Taj están el mausoleo, las
dos mezquitas que lo flanquean, el arco de la entrada, un museo, varios jardines y el río Yamuna en la parte de atrás. Y that´s it. Suena a "pocas cosas", si hablamos de cantidad, pero la calidad exige un poco de dedicación. Además era -repito- mi mayor sueño viajero. ¡Tenía que vivir hasta lo más hondo ese día! No se trataba de eso de disfrutarlo mucho "por si no lo vuelo a ver", porque estoy segura de que lo veré más veces, sino porque esa primera vez será irrepetible. Aunque lo visitara una vez tras otra a lo largo de los años que me queden, ninguna volverá a ser mi primera vez.

Más de 20.000 personas trabajaron durante 22 años para levantar esa tumba. Eso es parte de lo increíble, que no sea un palacio, ¡sino una tumba! Construida por el emperador mogol Shah Jahan para su esposa favorita, Mumtaz Mahal (que murió la pobre dando a luz a su hijo número 14, ¡con razón se murió!), la historia encierra tanto amor que es imposible quedar indiferente. El sentido de su construcción y su belleza, se combinan para hacer que su imagen en la pupila sea como de cuento. El color del mármol va cambiando conforme cambia la luz del día. Lo ví primero nublado y bajo la llovizna, casi fantasmal al final del estanque. Luego con una lluvia torrencial de esas del trópico, y finalmente se hizo el milagro y salió el sol. Todo en un día. Uno en el que lloré, reí, medité... y como dijo Lala, no comí, pero no sentía hambre. Las primeras horas solo estuve mirándolo de lejos, incapaz de entrar aún, extasiada ante su magnificencia. Las últimas las terminé de la misma manera, viendo caer la noche sobre las composiciones de piedras semi preciosas que lo adornan y los tonos blancos, rosados y grises del mármol tiñendo la mágica estampa. Es precioso. Mi corazón latía con tanta fuerza al atardecer, que creía que se me salía del pecho. La emoción era incontenible.

El Taj Mahal es la creación humana más bella que han visto mis ojos.

Y no puedo creer que a mis 29 años ya he cumplido ese sueño. Eso significa, además de que soy muy afortunada, que tengo que seguir soñando y haciendo realidad mis anhelos. Y a pesar de que del Taj Mahal ya han sido publicadas miles de fotos, postales e ilustraciones en general, aquí está la mía. Una de las decenas que le tomé hoy hace un mes, en ese maravilloso 6 de octubre que pasará a mi historia como uno de los días del Top Ten de mi existencia.

03 noviembre, 2009

Un corto danés genial

30 octubre, 2009

"Lo que hagas en la vida,
tendrá eco en la eternidad"

23 octubre, 2009

De Mafalda para Berlusconi (y de muchas mujeres para muchos "hombres")


20 octubre, 2009

Oasis sin rostro

No recuerdo su nombre. Me lo dijo, era lindo, como muchos de los nombres de las mujeres en India. Pero no lo recuerdo. Siempre he sido buenísima recordando caras, pero pésima recordando nombres. En este caso, desearía con todas mis fuerzas que fuera al revés. Porque su nombre era lindo y no lo recuerdo, pero su cara, desfigurada y triste, es inolvidable. He soñado con ella algunas noches mientras duermo, y muchas otras pienso en ella despierta.

La conocí en uno de los días más sobrecogedores de mi vida. Era de madrugada en una estación de tren en la que ví el infierno en la tierra, las escenas más dantescas y llenas de desesperanza, las miradas más vacías. Llovía sin parar. Quisiera no describir esa escena, porque lo último que quiero es que quienes lean este post se hagan una idea equivocada de India. No es lo que quiero transmitir. Pero al mismo tiempo, es necesario hacerlo para contextualizar mi encuentro con ella. La gente no cabía en el andén, todos estaban tirados en el suelo, los niños sin ropa, todo empapado en orines, en lluvia. La basura y la caca eran llevadas por el agua hacia las vías del tren. Las ratas pasaban por encima de los niños. Y mi compañera de dos días de viaje se acababa de subir al tren equivocado.

Me sentía como en una película, o como inmersa en alguno de los círculos del infierno en La Divina Comedia. Mirándolo todo como desde una enorme burbuja invisible, autoinventada, que me protegía de romper a llorar. He visto mucha pobreza en muchos sitios. Pero esto no es descriptible. Era la falta de esperanza absoluta. Y así estaba yo, absorta en mis emociones, intentando ser fuerte mientras rezaba porque llegara al fin mi tren, cuando ella se acercó a pedirme dinero. Le dije que no. Pero que si quería la invitaba a un chai. Así que compré uno para cada una. Y así, en medio de todo aquello, esa chica delgada, con un sari precioso pero tan sucio... me encontró.

Hablaba un inglés perfecto, pero entenderle era muy difícil. Ni siquiera distinguía bien donde empezaba o acababa su boca y le costaba moverla. No olvido su rostro. Ahora me parece lo más cercano a una pesadilla. Pero ahí, donde todo era tan dramático para mis ojos, para mi olfato, para mi alma, esa cara sin forma pero compartiendo un chai conmigo y contándome su historia se convirtió en mi oasis. El chai se le escurría por las comisuras de los labios y se limpiaba avergonzada con la mano, tan fina, tan bonita... y por supuesto, tan sucia. Lo había leído en algunos sitios e incluso en la guía. Había visto a algunas mujeres quemadas con ácido bañándose en el Ganges. Pero nada era como tenerla a ella ahí, tan cerca, hablándome.

Era de una familia de clase media, había estudiado inglés y aunque no me dijo su edad, no tendría más de 20 o 22 años. La quemó con ácido la familia de su novio antes de la boda, porque la dote no era lo suficientemente alta. Su familia la repudió. Y desde entonces es como una intocable. Vive en esa estación, en Gaya. Pide limosna. Y desde hacía mucho tiempo, me dijo, no hablaba "así" con nadie. "Así". Tomándose un té, hablando de su vida con otra chica. En este punto, mi corazón es una cosa que late, pero que para sobrevivir a esta madrugada, necesita dejar de sentir. Yo también perdí la fe: en dios, en los dioses, en la humanidad. Si lo divino y lo humano pueden permitir esto, ninguno de los dos mundos se merece mi confianza. Llegó mi tren. Le dí un beso, ella me tomó de la mano. Y sé que su mirada y la mía decían lo mismo, aunque sus ojos fueran dos agujeritos apagados por una espiral de cicatrices. A dos personas indias les di un beso en este viaje. Pero al otro, que más que una persona era un ángel, ya le dedicaré su espacio en este blog... Y a vos, mi oasis de la estación, te pido perdón, aunque no lo sepás, por recordar tu rostro y no recordar tu nombre...

16 octubre, 2009

La teoría de la diversión

Simplemente... precioso.

15 octubre, 2009

Llegando de India

Tras unas semanitas sin actividad en el blog debido a que Mechu andaba de viaje en India, mechudaydesnuda regresa al ciberespacio.

El viaje a India -el más increíble e impactante que he vivido nunca- se merece unos cuantos post, así que como inicio de esta nueva etapa "post India", le dedido la primera entrada a la ciudad que más me ha movido el piso en toda mi vida: Varanasi, una de las siete ciudades sagradas del hinduísmo (antes llamada Benarés) y que tendrá próximamente post aparte. Este es solo el aperitivo del regreso.

Y para acompañar la foto -la tomé al amanecer desde un botecito en el Ganges, mientras la gente realizaba las abluciones de cada mañana para purificarse (y luego lavar la ropa, lavarse los dientes...)- una cita de Mark Twain: "Benarés es más antigua que la Historia, más antigua que las tradiciones, más vieja incluso que las leyendas, y parece el doble de antigua que todas juntas». Y yo agregaría que no solo es antigua, sino sabia. Y hermosa. Adictivamente hermosa. Con el Ganges bañándola, ese río tan contaminado, pero indudablemente puro.




22 septiembre, 2009

Dedicada a mami y papi

Aunque Amaia Montero no está entre mis gustos musicales, mientras revisaba cosas del viaje a India hace cinco minutos salió este vídeo en la tele... y me movió el piso. Es una canción preciosa. Y aunque es para las mamás, yo hago extensiva la dedicatoria a papi también. Después de todo, juntos me cocieron estas alas que me llevan de un sitio a otro. ¡Los amo con todo mi corazón a los dos!


21 septiembre, 2009

Fragmento de Rayuela - Julio Cortázar

"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."

15 septiembre, 2009

África...

"Cuando los blancos vinieron a África, teníamos la tierra y ellos tenían la biblia. Nos enseñaron a rezar con los ojos cerrados. Cuando los abrimos, los blancos tenían la tierra y nosotros la biblia".

Jomo Kenyatta.

11 septiembre, 2009

¿Educación?


10 septiembre, 2009

Salvando a Fortunata

--¿También lleva a matar a la burrita?—le pregunté.

--Pues sí, señito, a mí no me sirve para nada.
--¿Entonces para qué dejó que se cruzaran su burros?
-- Ellos fueron los que se cruzaron. Ya ve usted como son los animales.
--Y ¿cuánto le van a dar por ella en el rastro? (ir al texto completo)

04 septiembre, 2009

Impresionante: Con el corazón a cuestas

"El mejor", o al menos eso dicen los ideogramas de su antebrazo. Con 46 años, Ignacio López (Nacho) se ha convertido en el primer español que, tras sufrir un infarto que lo dejó casi sin vida, ha logrado reunir la fortaleza suficiente para marcharse a casa con el corazón a cuestas. Literalmente. ... (ir al texto completo y al vídeo)

Las vacaciones del desempleado

Y Antonio, marcará el número del señor como se llame y al otro lado del auricular oirá la voz caliente -dígame- de un hombre, preguntará por Amparo y cuando ella se ponga, bufará: "¿Qué haces ahí sola con ese tipo, furcia? ¡Te vas a enterar!". Y Amparo, conteniéndose, para que el señor no lo note, para que no la echen del único trabajo que tiene, le mandará, muy bajito, a la mierda.

Y, pasada la media noche, después de lavar los platos que Antonio no ha lavado, tender la ropa que no ha tendido, hacer las camas que no ha hecho, Amparo, rendida, se acostará... (ir al texto completo)