Trabajar en un periódico...
El otro día, alguien me dijo unas palabras que me encantaron: "Creo que trabajar en un periódico es algo único. Cuando desaparezcan, lo veremos como un oficio romántico, casi de otra época. Al fin y al cabo, es como escribir un libro todos los días".
Leer esto fue como una luz que siempre está ahí encendida, pero que a veces brilla un poquito más: la de sentirme plena al escribir, al publicar, al informar... Me recordó cuando a los cinco años ya decía que quería ser periodista, y andaba con el micrófono y unos cassettes haciéndole entrevistas a mis estrellas favoritas: mis papás, y luego las ponía en el equipo de sonido de la casa; o cuando a los 9 cogí un montón de papelitos de la imprenta de tío May y me dediqué a hacer unos panfletos contra el fumado y a favor del medio ambiente, todos iguales, dibujados a mano con un planeta Tierra y unos textos y luego los repartí por el barrio. También me acordé de cuando papi me regaló mi primera cámara, a los ochos años, pero yo preferí la Canon profesional suya -que me aguantaba a duras penas- para hacer unas fotos navideñas con una tela verde y encima una bellota y una manzana (muchos años después me enteré de que eso era un bodegón). O cuando me escapé de la casa a los 5 también, para conocer el mundo, y entonces mami se dio cuenta de que iba a terminar viajando por todas partes y al final viviría lejos de ellos... tal y como ha resultado ser.
Y claro, ahora, tantos años después, cuando efectivamente me vine a vivir a 10.000 km del home sweet home y estoy en el periódico de aquí otra vez, tan contenta y disfrutando de esa magia que tiene (más aún en los días estilo Cumbres Borrascosas, como ha sido hoy), también me es inevitable sentir esa pereza absoluta que me da volver a la inestabilidad de no tener un contrato decente. Es que en este país todo es temporal, todo son sustituciones, todo es flor de un día... o de unos meses. Y pienso que en Tiquicia estaría mucho más estable que aquí, y que es increíble lo que una persona puede sacrificar por estar con otra.
El caso es que aparte de la seudo crisis personal al respecto, esta frase me fascinó. "Es como escribir un libro todos los días..." Sí, es como un libro por entregas, que disfrutan los lectores del diario, y al mismo tiempo es como si escribieras de esa forma un pedacito de tu propia vida, como si fuera también un libro que se va llenando en lo profundo de tu ser, como una historia cuya destinatario principal sos vos mismo al final...
Y adoro pensar en el periodismo como un oficio mágico, romántico, hasta diríamos místico, y por eso creo que a los periódicos de papel aún les queda mucha tinta por ser moldeada en palabras, muchas páginas para manchar los dedos de los paper adictos, muchas tardes y mañanas con un café al lado de sus páginas abiertas. Y eso que lo dice una internet fan, pero ese amor por el papel tiene años para rato todavía...
Un día quizá sea cosa de otra época, como mis recuerdos de la infancia, y quizá también sean tan bonitos como ellos...
Leer esto fue como una luz que siempre está ahí encendida, pero que a veces brilla un poquito más: la de sentirme plena al escribir, al publicar, al informar... Me recordó cuando a los cinco años ya decía que quería ser periodista, y andaba con el micrófono y unos cassettes haciéndole entrevistas a mis estrellas favoritas: mis papás, y luego las ponía en el equipo de sonido de la casa; o cuando a los 9 cogí un montón de papelitos de la imprenta de tío May y me dediqué a hacer unos panfletos contra el fumado y a favor del medio ambiente, todos iguales, dibujados a mano con un planeta Tierra y unos textos y luego los repartí por el barrio. También me acordé de cuando papi me regaló mi primera cámara, a los ochos años, pero yo preferí la Canon profesional suya -que me aguantaba a duras penas- para hacer unas fotos navideñas con una tela verde y encima una bellota y una manzana (muchos años después me enteré de que eso era un bodegón). O cuando me escapé de la casa a los 5 también, para conocer el mundo, y entonces mami se dio cuenta de que iba a terminar viajando por todas partes y al final viviría lejos de ellos... tal y como ha resultado ser.
Y claro, ahora, tantos años después, cuando efectivamente me vine a vivir a 10.000 km del home sweet home y estoy en el periódico de aquí otra vez, tan contenta y disfrutando de esa magia que tiene (más aún en los días estilo Cumbres Borrascosas, como ha sido hoy), también me es inevitable sentir esa pereza absoluta que me da volver a la inestabilidad de no tener un contrato decente. Es que en este país todo es temporal, todo son sustituciones, todo es flor de un día... o de unos meses. Y pienso que en Tiquicia estaría mucho más estable que aquí, y que es increíble lo que una persona puede sacrificar por estar con otra.
El caso es que aparte de la seudo crisis personal al respecto, esta frase me fascinó. "Es como escribir un libro todos los días..." Sí, es como un libro por entregas, que disfrutan los lectores del diario, y al mismo tiempo es como si escribieras de esa forma un pedacito de tu propia vida, como si fuera también un libro que se va llenando en lo profundo de tu ser, como una historia cuya destinatario principal sos vos mismo al final...
Y adoro pensar en el periodismo como un oficio mágico, romántico, hasta diríamos místico, y por eso creo que a los periódicos de papel aún les queda mucha tinta por ser moldeada en palabras, muchas páginas para manchar los dedos de los paper adictos, muchas tardes y mañanas con un café al lado de sus páginas abiertas. Y eso que lo dice una internet fan, pero ese amor por el papel tiene años para rato todavía...
Un día quizá sea cosa de otra época, como mis recuerdos de la infancia, y quizá también sean tan bonitos como ellos...
Comentarios
Ivitass, me alegra que estés escribiendo de nuevo. Se siente como volver a casa, ¿cierto?