Deshaciendo maletas...
Están en el suelo, inmóviles por fuera. Alteradas, inquietas, arrebatadas... por dentro. Los olores de sus brazos en mi ropa, el barro de aquel día en los ruedos de un pantalón inmerso en la montaña, las fotos, los libros, los estados de ánimo. Todos se mueven. Todos en ebullición. El olor del café se escapa al abrirlas para entrar en mis pestañas y visualizo así los instantes que se esfumaron mientras intenté exprimirlos y memorizarlos. Estoy deshaciendo maletas. Vuelvo al mundo virtual y al mundo real tras uno de esos viajes a mi casa. Siempre lo mismo. Una vez al año como mínimo. Una vez al año se repite la escena de llegar con los dientes al viento y de regresar con los ojos anegados. Luego el avión, el agobio al mirar a través de la ventanilla el país que una vez más dejo, desde hace tantos años tantas veces y con tantos destinos... y luego la pastilla para dormir -y para dejar de pensar-, la llegada a Madrid, el avión a Coruña... y la paz que reencuentro al abrir la puerta de esta casa que con cuatro manos humanas y muchas patitas
gatu-perrunas hemos construido y que huele a mi hogar también.Y donde también amo estar.
Ahí siguen las maletas. Esperándome. Pero yo voy lentamente. Llevaba esta blusa aquella noche de locura.Esta falda la soleada mañana de aquella foto en el mirador. Este sujetador el día de mi nuevo tatuaje anestesiado con Flor de Caña. Llevaba esta camiseta el día que me empapé subiendo a caballo la ladera de un volcán y casi pierdo este traje de baño con una ola caliente y traicionera que jugó conmigo mientras me bañaba en el mar a medianoche, con la luna en cuarto creciente como testigo. Es extraño deshacer maletas. Sabroso. Intenso. Las deshago y reinvento mis memorias. Revivo los instantes para transformarlos en eternidades. Vuelvo a dar y recibir esos abrazos y esos besos que como a un trocito de arcilla me dieron forma, que me esculpieron una vez más a punta de cariño y deseos. Deshago la maleta. Pero antes de cerrarla guardo en ella mi nuevo anhelo: mi próximo destino.
gatu-perrunas hemos construido y que huele a mi hogar también.Y donde también amo estar.
Ahí siguen las maletas. Esperándome. Pero yo voy lentamente. Llevaba esta blusa aquella noche de locura.Esta falda la soleada mañana de aquella foto en el mirador. Este sujetador el día de mi nuevo tatuaje anestesiado con Flor de Caña. Llevaba esta camiseta el día que me empapé subiendo a caballo la ladera de un volcán y casi pierdo este traje de baño con una ola caliente y traicionera que jugó conmigo mientras me bañaba en el mar a medianoche, con la luna en cuarto creciente como testigo. Es extraño deshacer maletas. Sabroso. Intenso. Las deshago y reinvento mis memorias. Revivo los instantes para transformarlos en eternidades. Vuelvo a dar y recibir esos abrazos y esos besos que como a un trocito de arcilla me dieron forma, que me esculpieron una vez más a punta de cariño y deseos. Deshago la maleta. Pero antes de cerrarla guardo en ella mi nuevo anhelo: mi próximo destino.
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