Manda China, calla el mundo - Félix Madero
Bochorno, eso es lo que siento cuando reparo en la forma en que la comunidad internacional administra sus silencios. Hoy es el día en que no hay líder o lidercillo político que en español o en inglés haya dicho lo que tiene que hacer Honduras en este momento que tiene dos presidentes. Ocurre que Honduras es un país pobre. Es una tierra incapaz de desarrollar hacia afuera ningún temor, bien sea militar o comercial. Son pobres. Pobres hasta para dar miedo, que ya es pobreza en estos tiempos. Y por si fuera poco viven entre catástrofe natural y golpe de Estado. ¿Hay algo más grave que la pobreza? Pues sí, la pobreza instalada en el futuro. Sólo dos países, Haití y Nicaragua, son más desgraciados que Honduras. Para qué seguir.
Les cuento esto porque asombra la hipocresía con que actúan los países desarrollados con China. Cada día me parece más certero el diagnóstico de esos economistas sin ideología -a quién querrán engañar-, que afirman que no hay más democracia que el mercado. A mí me da vergüenza, y me provoca desazón un pensamiento así. Decir democracia es decir derechos humanos, es decir no a la pena de muerte, es decir respeto a las minorías étnicas, es decir no a la muerte, es decir no al miedo. China tiene 1.300 millones de habitantes. Hasta el momento sabemos que han muerto 156 personas en los enfrentamientos étnicos en Xinjiang, pero las organizaciones humanitarias hablan de más de 600. La situación es tan grave que el presidente chino, Hu Jintao, ha tenido que dejar la cumbre del G-8 en Italia e irse a su país para dar la sensación de que controla algo que se deshace como un azucarillo en el café.
Que el chino se vaya a China sin que nadie del G-8 le haya leído la cartilla es lo que hace que sintamos vergüenza y ofuscación.
Nunca como ahora queda tan claro que si se tiene un mercado de 1.300 millones de personas dispuestos a consumir, la democracia importa poco. Nada. Hu Jintao huele a azufre, pero esa peste no molesta a Sarkozy, ni a Obama, ni a Merkel, ni a nadie. Y así ocurre que, cuando las grandes potencia no saben qué hacer con los sátrapas del siglo XXI, encuentran una coartada en el futuro, y se ponen a pensar y repensar el cambio climático con tal de no meterse con Hu Jintao, que no es otro que el chino que reprimió Tíbet y el que ha avalado que con sangre se acabara con el descontento de Tiananmen.
Pobre G-8, pobre China. Y ya, puestos, pobre cambio climático. Cuánta estulticia y cuánta vergüenza amparas bajo tu nombre. Y cuánta mugre.
Les cuento esto porque asombra la hipocresía con que actúan los países desarrollados con China. Cada día me parece más certero el diagnóstico de esos economistas sin ideología -a quién querrán engañar-, que afirman que no hay más democracia que el mercado. A mí me da vergüenza, y me provoca desazón un pensamiento así. Decir democracia es decir derechos humanos, es decir no a la pena de muerte, es decir respeto a las minorías étnicas, es decir no a la muerte, es decir no al miedo. China tiene 1.300 millones de habitantes. Hasta el momento sabemos que han muerto 156 personas en los enfrentamientos étnicos en Xinjiang, pero las organizaciones humanitarias hablan de más de 600. La situación es tan grave que el presidente chino, Hu Jintao, ha tenido que dejar la cumbre del G-8 en Italia e irse a su país para dar la sensación de que controla algo que se deshace como un azucarillo en el café.
Que el chino se vaya a China sin que nadie del G-8 le haya leído la cartilla es lo que hace que sintamos vergüenza y ofuscación.
Nunca como ahora queda tan claro que si se tiene un mercado de 1.300 millones de personas dispuestos a consumir, la democracia importa poco. Nada. Hu Jintao huele a azufre, pero esa peste no molesta a Sarkozy, ni a Obama, ni a Merkel, ni a nadie. Y así ocurre que, cuando las grandes potencia no saben qué hacer con los sátrapas del siglo XXI, encuentran una coartada en el futuro, y se ponen a pensar y repensar el cambio climático con tal de no meterse con Hu Jintao, que no es otro que el chino que reprimió Tíbet y el que ha avalado que con sangre se acabara con el descontento de Tiananmen.
Pobre G-8, pobre China. Y ya, puestos, pobre cambio climático. Cuánta estulticia y cuánta vergüenza amparas bajo tu nombre. Y cuánta mugre.
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