Muerto

Lo declararon muerto.
Los pies desparramados.
Siguiendo el derecho el sur,
buscando el izquiero un oeste que no fuera
-por favor, por una vez-
un wild, wild west.

No hay cómo culparlos por declararlo muerto.
Es que sus brazos abiertos en cruz eran la viva imagen
de quien ya no respira.

Nariz, ojos, boca: en el suelo.
Palmas, ombligo y pecho: contra el barro.
Espalda, nalgas, pies: tragando lluvia.

La declaración decía: "Murió esta misma tarde".
Pero mentía.
Ese niño, en esa calle, en ese mundo,
tenía ya 14 años de haber nacido muerto.

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