Africa

África me llamó desde mi infancia, en mis sueños con elefantes y tortugas, con cantos, tambores y hogueras que resonaban y brillaban en la oscuridad nocturna. Un poco más de 28 años después de venir a este mundo, un lunes a las 1.30 de la madrugada y con una tormenta de antología saludándome por la ventana, al fin Africa deja de ser un sueño para ser una fecha en el calendario.

5 de octubre, un mes y tres días, es la cuenta regresiva para posar mis pies sobre la tierra más añorada, la que me grita desde lo profundo que debo volver a ella, que hay algo ahí para mí... y la ansiedad me consume, no puedo esperar más para verla, para sentirla recorrerme entera, para que su olor refresque mi memoria y me mueva los cimientos, me aclare que es lo que espera de mí.

Pero la espera además está hoy acompañada por la fiebre, porque para vivir mi sueño tenía que vacunarme contra la fiebre amarilla y parece que a mi cuerpo, tan débil en las últimas semanas, no le ha hecho mucha gracia que le metan al bichito ese en la sangre y me está matando de fiebre y de dolor de cuerpo. Gajes del oficio. Consecuencias de lo indispensable. Sacrificio necesario.

Todo por volver a ese lugar del que en realidad nunca me fuí.

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