Mi cuerpo exhausto

Aunque lo escribí en Madrid hace tres años, parece que ahora la historia se repite... Y espero volver a recuperarme pronto...


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Hoy mi cuerpo me reclama tantos meses de incertidumbre, de mareo, de deslices, de trastornos, de sueños, de temores, de absurdos, de certezas, de amor y de derroches.

Meses en los que el frío ha penetrado hasta los huesos, el insomnio ha perpetuado las horas, las emociones se han caído y lastimado en riscos pedregosos, o han subido y se han extasiado en cielos de ternuras y pasiones.

Mi mente se serena poco a poco, el timbal que hay en mi pecho toca bajito para no perturbarme pero con suficiente fuerza para mantenerme bailando.

Aún así, me siento débil. Agotada. Todo da vueltas a mi alrededor y el silencio se transforma en llanto o en humor. Mi cuerpo demanda atención, está cansado de este subi- baja inacabable.

Una sopa de verduras, un te amo en el oído y una terraza conversando con sus ojos. Remedios caseros, recetas infalibles, un trozo de secreto escondido entre la brisa para recobrarme.

No quiero estar enferma. Pero es esta la llamada de mi cuerpo exhausto y debo atenderla. Descuelgo el teléfono, gelatinizo los instantes y me envuelvo en la paciencia. “Poco a poco, Iva, poco a poco”. La hiperactividad que hormiguea en mis adentros me arma una bronca gritándome que haga algo pronto, pero por una vez en mi vida intento no hacer tanto. Al menos, por una vez, para sanarme, intento no intentar hacerlo todo.

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