Dios bendiga a su pueblo
Explorando, explorando, me voy encontrando textos escritos tiempo atrás. Así que aquí los dejo...
Este es de julio de 2006
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¡Dios bendiga a su pueblo! Ellos son los elegidos, los ungidos, a los que Dios les prometió una tierra que, ¡oh casualidad!! ¡Estaba ocupada! ¿El error sería de Dios? ¿O de Alá? ¿O de ambos por otorgarle a sus respectivos pueblos el mismo pedazo de tierra para vivir? ¿O el error es solo de Dios, porque los seguidores de Alá estaban ahí primero? Parece que la falta de entendimiento entre las religiones se remonta a sus orígenes más profundos. A sus dioses. Quizá no es culpa de ninguno. Quizá ni siquiera existen esos dioses, y los seres humanos los creamos para atribuirnos ciertos derechos sobre los otros en nombre de algo más poderoso y por lo tanto, temible.
Sin embargo, más allá del siempre polémico tema religioso, hay algunos hechos que son eso: hechos. El primero, que los israelíes ocuparon territorios que nos les pertenecían y que convirtieron en el moderno Estado de Israel. Que Estados Unidos es uno de sus aliados. Que Israel está destrozando Líbano. Que Estados Unidos está en contra de un alto al fuego inmediato. Que hay civiles muriendo de ambos lados del conflicto. Que esos civiles no deben pagar con su sangre lo que otros se deben entre sí. El primer ministro israelí le manifestó a Kofi Annan, secretario general de la ONU "el profundo pesar de Israel por la muerte de los militares por un error de la Fuerza Aérea". Esto fue ayer, 25 de julio de 2006, cuando cuatro cascos azules de la ONU murieron en un bombardeo de Israel a un punto de las Naciones Unidas. Un error. Como los errores de Estados Unidos sobre escuelas y sedes de la Cruz Roja en Afganistán.
Esto no se trata de andar defendiendo guerrillas, ni terroristas. Se trata de exigir que los estados mantengan sus acciones y reacciones dentro de lo que está contemplado como legítimo. El terrorismo de estado es una realidad que el mundo entero observa sin mover un dedo por detenerlo y entre Israel y Estados Unidos están creando un precedente nada esperanzador. Si el terrorismo se combate con terrorismo, a buen futuro nos adentramos. Y que los israelitas dejen de rasgarse las vestiduras con el recuerdo del holocausto judío. Fue sin duda alguna una página vergonzosa en la historia de la humanidad. Pero no fue la primera, ni será la última, ni la peor. Matanzas dolorosas y sin sentido han inundado al mundo desde que los seres humanos habitamos en él y detenerlas debería ser el objetivo, no propiciarlas. Que dejen de vengar con otros pueblos sus resentimientos de siglos.
Y que los estadounidenses dejen también de rasgarse las vestiduras con su 11-S y su guerra contra el terrorismo. Que dejen de usar a sus 3 mil muertos en las Torres Gemelas como excusa para sus ataques contra el mundo, como excusa para ejercer un terrorismo de estado que no se diferencia del terrorismo que dicen combatir. Tres mil personas mueren de hambre en el África subsahariana cada día, pero esos muertos no existen porque África no existe para la comunidad internacional. Hace años que a esos muertos no los venga nadie, porque salían tanto en las noticias que dejaron de ser noticia. Y los que aún son noticia, como los muertos de New York, Madrid o Londres, no descansan en paz, ni descansarán mientras sean la coartada perfecta para dar paso a invasiones y guerras.
No es legítimo matar en nombre de Dios, no importa cuál dios sea. Tampoco es legítimo matar en nombre del petróleo. O pero aún, matar en nombre de la paz. Imágenes de niños heridos y madres que lloran salen por CNN, pero muchas veces ya ni nos conmovemos ante ellas. Ya el dolor de los otros no nos duele. Menos aún si el dolor no es de blancos, primer mundistas y "civilizados"; sino de negros, latinos o árabes. La vida de un ser humano parece valer según la categoría a la que pertenezca. Los del tercer mundo está claro entonces cuánto valemos.
Paréntesis: yo me pregunto, ¿cómo puede un estado estar matando gente en Gaza y gente en Líbano, como si de un juego de vídeo se tratara? Hoy se realizó en Roma la Conferencia Internacional sobre el Líbano, que reunió a los representantes de gobierno de 15 países y observadores de organizaciones internacionales para buscar una salida al conflicto que ya llega a las dos semanas debido a los enfrentamientos entre el Ejército de Israel y la milicia chiita libanesa Hizbollah. Al menos es un primer paso para que el mundo haga algo…
Porque es necesario que el mundo haga algo, aparte de guardar silencio; y que sus cumbres produzcan resultados mejores que los que ya sabemos que producen tantas veces. Que se quiten las corbatas y vayan a ver como se reconstruye un hogar despedazado por una bomba. Que se pregunten cómo hacen las personas afectadas por la violencia para reconstruir sus vidas. Que el mundo haga algo. Que pare el fuego y luego busque la paz, pero que pare el fuego.
Y en cuanto a Dios: pues ya sabemos. Alá es grande. Y que "God bless America". Y que bendiga también a Israel, su pueblo elegido.
Este es de julio de 2006
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¡Dios bendiga a su pueblo! Ellos son los elegidos, los ungidos, a los que Dios les prometió una tierra que, ¡oh casualidad!! ¡Estaba ocupada! ¿El error sería de Dios? ¿O de Alá? ¿O de ambos por otorgarle a sus respectivos pueblos el mismo pedazo de tierra para vivir? ¿O el error es solo de Dios, porque los seguidores de Alá estaban ahí primero? Parece que la falta de entendimiento entre las religiones se remonta a sus orígenes más profundos. A sus dioses. Quizá no es culpa de ninguno. Quizá ni siquiera existen esos dioses, y los seres humanos los creamos para atribuirnos ciertos derechos sobre los otros en nombre de algo más poderoso y por lo tanto, temible.
Sin embargo, más allá del siempre polémico tema religioso, hay algunos hechos que son eso: hechos. El primero, que los israelíes ocuparon territorios que nos les pertenecían y que convirtieron en el moderno Estado de Israel. Que Estados Unidos es uno de sus aliados. Que Israel está destrozando Líbano. Que Estados Unidos está en contra de un alto al fuego inmediato. Que hay civiles muriendo de ambos lados del conflicto. Que esos civiles no deben pagar con su sangre lo que otros se deben entre sí. El primer ministro israelí le manifestó a Kofi Annan, secretario general de la ONU "el profundo pesar de Israel por la muerte de los militares por un error de la Fuerza Aérea". Esto fue ayer, 25 de julio de 2006, cuando cuatro cascos azules de la ONU murieron en un bombardeo de Israel a un punto de las Naciones Unidas. Un error. Como los errores de Estados Unidos sobre escuelas y sedes de la Cruz Roja en Afganistán.
Esto no se trata de andar defendiendo guerrillas, ni terroristas. Se trata de exigir que los estados mantengan sus acciones y reacciones dentro de lo que está contemplado como legítimo. El terrorismo de estado es una realidad que el mundo entero observa sin mover un dedo por detenerlo y entre Israel y Estados Unidos están creando un precedente nada esperanzador. Si el terrorismo se combate con terrorismo, a buen futuro nos adentramos. Y que los israelitas dejen de rasgarse las vestiduras con el recuerdo del holocausto judío. Fue sin duda alguna una página vergonzosa en la historia de la humanidad. Pero no fue la primera, ni será la última, ni la peor. Matanzas dolorosas y sin sentido han inundado al mundo desde que los seres humanos habitamos en él y detenerlas debería ser el objetivo, no propiciarlas. Que dejen de vengar con otros pueblos sus resentimientos de siglos.
Y que los estadounidenses dejen también de rasgarse las vestiduras con su 11-S y su guerra contra el terrorismo. Que dejen de usar a sus 3 mil muertos en las Torres Gemelas como excusa para sus ataques contra el mundo, como excusa para ejercer un terrorismo de estado que no se diferencia del terrorismo que dicen combatir. Tres mil personas mueren de hambre en el África subsahariana cada día, pero esos muertos no existen porque África no existe para la comunidad internacional. Hace años que a esos muertos no los venga nadie, porque salían tanto en las noticias que dejaron de ser noticia. Y los que aún son noticia, como los muertos de New York, Madrid o Londres, no descansan en paz, ni descansarán mientras sean la coartada perfecta para dar paso a invasiones y guerras.
No es legítimo matar en nombre de Dios, no importa cuál dios sea. Tampoco es legítimo matar en nombre del petróleo. O pero aún, matar en nombre de la paz. Imágenes de niños heridos y madres que lloran salen por CNN, pero muchas veces ya ni nos conmovemos ante ellas. Ya el dolor de los otros no nos duele. Menos aún si el dolor no es de blancos, primer mundistas y "civilizados"; sino de negros, latinos o árabes. La vida de un ser humano parece valer según la categoría a la que pertenezca. Los del tercer mundo está claro entonces cuánto valemos.
Paréntesis: yo me pregunto, ¿cómo puede un estado estar matando gente en Gaza y gente en Líbano, como si de un juego de vídeo se tratara? Hoy se realizó en Roma la Conferencia Internacional sobre el Líbano, que reunió a los representantes de gobierno de 15 países y observadores de organizaciones internacionales para buscar una salida al conflicto que ya llega a las dos semanas debido a los enfrentamientos entre el Ejército de Israel y la milicia chiita libanesa Hizbollah. Al menos es un primer paso para que el mundo haga algo…
Porque es necesario que el mundo haga algo, aparte de guardar silencio; y que sus cumbres produzcan resultados mejores que los que ya sabemos que producen tantas veces. Que se quiten las corbatas y vayan a ver como se reconstruye un hogar despedazado por una bomba. Que se pregunten cómo hacen las personas afectadas por la violencia para reconstruir sus vidas. Que el mundo haga algo. Que pare el fuego y luego busque la paz, pero que pare el fuego.
Y en cuanto a Dios: pues ya sabemos. Alá es grande. Y que "God bless America". Y que bendiga también a Israel, su pueblo elegido.
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