África y yo, primera cita- parte 1

El blog no será suficiente... De hecho, he pensado seriamente en crear uno exclusivo para el tema, pero al final decidí plasmarlo todo aquí... A ver si hay algún alma que aguante todos los posts que están por venir hablando de este encuentro...

Y es que recién llego de mi primera cita con África... Tras unos 40 sellitos diferentes en mi pasaporte, lo más africano que tenía hasta el momento era uno de Egipto. Claro, que geográficamente nadie será capaz de negar que efectivamente está en el continente africano, pero los enamorados de ese lado del mundo nos referimos con África al llamado "continente negro", o para más detalle, todo lo que hay para abajo del desierto del Sahara.

El caso es que tras soñar, desear y vivir con las ansias de poner mis pies y mis pupilas en la tierra donde están nuestra raíces -la Garganta del Olduvai, conocida como "Cuna de la humanidad", fue parada obligatoria- al fin sucedió: nuestra primera cita fue de unos 12 días y puede considerarse además como un delicioso ménage à trois. Sí, sí, porque estaba yo disfrutando de un momento mágico, orgásmico de tan placentero en todos sus detalles, con mis dos grandes amores: ÁFRICA y ALEJANDRO.

Y a pesar de que mi amor por cada uno empezó diferente, algo que se remonta más allá de esta vida parece ser el denominador común de ambas relaciones. Con ella, me une algo que aún desconozco, pero que me acompaña desde que tengo memoria. Esa ansiedad por verla, por sentirla, fue motivo de insomnio durante muchas noches y de ensoñación durante muchos días y este octubre, al ser abrazada por primera vez entre su cuerpo -enorme, plagado de olores, infestado de colores, repleto de polvo, de verde, de fauna, de gente, de lenguas y de magia- me dí cuenta de que todo lo que añoraba sentir fue por fin una realidad arrolladora. Me sentí en mi casa, en mi sitio en el mundo. Como si en otra -u otras- vidas, hubiera echado allí unas raíces que desean volver a crecer en su suelo.

Con él, en cambio, no fue una espera de toda la vida: fue un flechazo inesperado, un recuerdo nebuloso que se esclareció de repente... y que cambió todos mis planes. En un mirador de una playa de Cádiz, la pequeñez de un perro paseando por la arena remontó nuestras memorias a un universo de peces y mares de gelatina, un mundo donde los perros eran pequeños y el amor inmenso. Ese día supimos que no era nuestra primera vez juntos, y como con África, supe que algo inexplicable e insondable nos unía desde antes... desde mucho antes...

Aterrizamos en el aeropuerto de Kilimanjaro y lo primero que mis sentidos advirtieron fue la espesura del aire. Tan húmedo, tan gelatinoso, tan caliente... ¡tan perfecto! Luego los murciélagos, volando a nuestro alrededor en el parqueo, donde Thomas -nuestro guía, el mejor y que se merece un post aparte- nos recibe con una sonrisa blanca y sincera y nos enseña el jeep que durante el resto del viaje nos va a llevar de safari por los principales parques nacionales del norte de Tanzania. Luego, esa misma noche, vivimos la carretera, las estrellas, la gente en las calles camino a Arusha, bebiendo, riendo, bailando... Y miramos los bananales, el parecido con Costa Rica, la música de la naturaleza por todas partes.

Y a partir de ese día, el Tarangire, el cráter del Ngorongoro, el Serengueti, el Manyara y la prodigiosa Zanzíbar, se distorsionan, se transforman para ser visibles solo para nosotros, como si sus secretos fueran revelados solo a los oídos más atentos... y todo, para convertirse en nuestra ruta de vida por unos días que durarán para siempre, para ser a un tiempo mi primera cita con África y mi tan esperada luna de miel con Ale...

Comentarios

Unknown dijo…
Es hermoso el instante donde los sueños y la realidad se mezclan y de esa manera se crea el momento perfecto!
Es hermoso lo que cuentas y prometo leer cada post porque tu alegría se contagia por medio de las letras.
Mechuda dijo…
Qué linda amiga, gracias por leerme... Son historias muy sencillas que cuentan esos instantes que me han llenado de alegría la vida. Y agradezco mucho poder compartirlos con vos, con quien he compartido tantas cosas en otros momentos de mi vida. Un abrazote.
nancyboom dijo…
Es escalofriante, hasta me duelen los ojos de leerte. Creo que raya ya en lo clarividente, a veces yo quisiera tener tan claro todo, pero las imágenes se me difuminan, se me pierden poco a poco. Se me escapan las otras vidas, los otros mundos. Mientras vos vas recuperando memoria yo sólo me acuerdo de ese hombre de chaqueta negra que me mira sonriente y que espero en esta vida que sea mi hijo. A África me la recuerdan mis tíos, mis caderas y los tambores. ¿En que mundo te habré encontrado primero? Quizás nadando en algún mar tibio...
Beso

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