Buceando...

Buceando sí, entre los recuerdos, entre los papeles, entre los escritos guardados desde hace tiempo en cd´s y hojas sueltas... Hay minutos en que la saudade y las ganas de revivir instantes o de mirar esas caras que antes te sonreían, te obligan a ponerte un tanque de oxígeno para aguantar las profundidades de las memorias y así sobrevivir a los segundos de buceo entre los extraños bichos que han tejido telarañas sobre ellas. Sumergirse es la parte fácil, abrir la carpeta y convencerte de que va a ser terapéutico encontrarte con vos misma antes de sentire como ahora, un poquito teñida por el tiempo. Lo delicado viene luego, cuando a través de las burbujas te encontrás con fósiles de lo que ya no sos, con esa niña que a los 9 años intentaba tomar fotos con una cámara cuyas lentes pesaban más que ella, con su papá sosteniéndola cuando ya no podía más. Con esa niña que a los 8 años empezó a escribir su primer diario, y en inglés, que a los 9 tuvo su primer arranque de orgullo con su profesora de danza, que a los 12 le gritó a mami que corriera al baño porque algo raro había pasado, que a los 15 se erizó de pies a cabeza con su primer beso, que a los 8 cantó por primera vez en un escenario, que a los 17 se fue sola de viaje, que a los 16 se puso su primer piercing, que a esos mismos 16 estuvo a punto de que una enfermedad le arrebatara a su papá, que a los 21 se recorrió Europa con una mochila, que se subía a los árboles y a las piedras, que quería vivir en las Galápagos, que soñaba profecías, que dormía en casa de sus abuelitos casi todas las semanas, que quería ser periodista y fotógrafa cuando fuera grande (además de bióloga, actriz y piloto). Y cuando las sonrisas y las lágrimas empiezan a entreverarse en un extraño gozo irreverente, aparecen entre las sombras y las luces de tus abismos esos peces muertos que con su presencia te abren heridas que ya habías olvidado, y revivís la muerte, eras muy joven para vivir esa muerte, pero solo te preparó para otra más fuerte, seguías siendo una niña, los peces te rodean, siempre muertos, siempre impávidos, se te acaba el aire, se te acaba el oxígeno y el viaje se vuelve delirante, disparatado, te envuelve como una droga, tus memorias se aferran a tus ojos y a tus manos, querés salir del agua, volver a la superficie, olvidar de nuevo...

Comentarios

Anónimo dijo…
joder chavala!!!!
cago en to lo que se menea y un poquito más allá. :)

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