Primavera
Según el Instituto Geográfico Nacional (de España), el viernes 20 de marzo de 2009, a las 12.44 horas, hora oficial peninsular, se inició la primavera en el hemisferio Norte, según el convenio astronómico. Esta estación durará 92 días y 18 horas. Así que según este dato, hace ya varias horas que el invierno terminó oficialmente. La vita é bella. Aleluya. Aunque según Henry Van Dyke (definitivamente uno de los mejores poetas estadounidenses), "The first day of spring is one thing, and the first spring day is another. The difference between them is sometimes as great as a month". Aquí, por el contrario, ocurrió que el primer día primaveral fue unos tres días antes del inicio oficial... cuando la cosa volvió a nublarse.
Siempre según el Instituto, "esta es la época del año en que la longitud del día se alarga más rápidamente. A las latitudes de la península, el sol sale por las mañanas casi dos minutos antes que el día anterior y por la tarde se pone un minuto más tarde. O sea, que el tiempo en que el sol está por encima del horizonte aumenta casi tres minutos cada día". Tres minutos más de luz al día. No puedo recibir mejores noticias. Mañana no me importa si hace frío o hace calor, lo relevante es que mi mente sabe que en el calendario, la peor época del año ya ha pasado y que ahora llega la primavera, que además de que la sangre altera, provoca lo que decía Pablo Neruda en su poema XIV... "Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos". Porque más allá de la delicia del sol y de las flores (en el jardín en dos días ya tenemos las primeras), la magia de la naturaleza se hace aroma y penetra los sentidos, nos hace brotar en una deliciosa y pasional erupción como los cerezos, sembrando de color el aire y los suelos. Es este el nacimiento de la vida tras meses de letargo, de penumbra y viento, los chinos llaman a la primavera "el primer movimiento"... y no en vano, que todos los seres empezamos a movermos hacia el exterior, dejamos de caminar con los brazos cruzados, miramos al cielo, tomamos contacto de nuevo con el mundo a través de los sentidos antes ocultos bajo las telas.
La primavera, el renacimiento, es de repente un símbolo interior, para renacer yo también de nuevo, para refrescarme el alma calentada artificialmente durante meses a punta de gas y radiadores, para darle rienda suelta a mis palabras de deseos, para decir entre líneas aquellas que como no se pueden decir, deben ser calladas, pero que aún así son comprendidas por los ojos adecuados. Hoy empiezo de nuevo, renazco de mi propia semilla y planto los riesgos iniciados en un día de calor aún en el invierno. Y hoy amanecerá dos minutos antes. No me daré cuenta, estaré dormida y soñando, pero en mis entrañas tendré la certeza de que el invierno fue solo una extraña pesadilla de la que al fin he escapado.
Siempre según el Instituto, "esta es la época del año en que la longitud del día se alarga más rápidamente. A las latitudes de la península, el sol sale por las mañanas casi dos minutos antes que el día anterior y por la tarde se pone un minuto más tarde. O sea, que el tiempo en que el sol está por encima del horizonte aumenta casi tres minutos cada día". Tres minutos más de luz al día. No puedo recibir mejores noticias. Mañana no me importa si hace frío o hace calor, lo relevante es que mi mente sabe que en el calendario, la peor época del año ya ha pasado y que ahora llega la primavera, que además de que la sangre altera, provoca lo que decía Pablo Neruda en su poema XIV... "Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos". Porque más allá de la delicia del sol y de las flores (en el jardín en dos días ya tenemos las primeras), la magia de la naturaleza se hace aroma y penetra los sentidos, nos hace brotar en una deliciosa y pasional erupción como los cerezos, sembrando de color el aire y los suelos. Es este el nacimiento de la vida tras meses de letargo, de penumbra y viento, los chinos llaman a la primavera "el primer movimiento"... y no en vano, que todos los seres empezamos a movermos hacia el exterior, dejamos de caminar con los brazos cruzados, miramos al cielo, tomamos contacto de nuevo con el mundo a través de los sentidos antes ocultos bajo las telas.
La primavera, el renacimiento, es de repente un símbolo interior, para renacer yo también de nuevo, para refrescarme el alma calentada artificialmente durante meses a punta de gas y radiadores, para darle rienda suelta a mis palabras de deseos, para decir entre líneas aquellas que como no se pueden decir, deben ser calladas, pero que aún así son comprendidas por los ojos adecuados. Hoy empiezo de nuevo, renazco de mi propia semilla y planto los riesgos iniciados en un día de calor aún en el invierno. Y hoy amanecerá dos minutos antes. No me daré cuenta, estaré dormida y soñando, pero en mis entrañas tendré la certeza de que el invierno fue solo una extraña pesadilla de la que al fin he escapado.
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